Texto 13 – 15 Feb

ROBERTO ZUCCO, KOLTÈS

ESCENA 10 / EL REHÉN
En un parque, a plena luz del día. Una señora está sentada en un banco. Entra Zucco.
LA SEÑORA: Siéntese a mi lado. Hábleme. Me aburro; conversemos. Detesto los parques. Parece tímido. ¿Acaso lo intimido?
ZUCCO: No soy tímido.
LA SEÑORA: Sin embargo, le tiemblan las manos como a un muchacho ante su primera chica. Tiene una cara simpática. Es un chico guapo. ¿Le gustan las mujeres? Es casi demasiado guapo para que le gusten las mujeres.
ZUCCO: Me gustan las mujeres, sí, mucho.
LA SEÑORA: Seguro que le gustan esas golfillas de dieciocho años.
ZUCCO: Me gustan todas las mujeres.
LA SEÑORA: Eso está muy bien. ¿Ha sido alguna vez duro con una mujer?
ZUCCO: Jamás.
LA SEÑORA: Pero ¿y las ganas? Ya ha debido sentir ganas de ser violento con una mujer, ¿no es cierto? Todos los hombres han sentido esas ganas alguna vez, todos.
ZUCCO: Yo no. Soy dulce y pacífico.
LA SEÑORA: Es usted un tipo curioso.
ZUCCO: ¿Ha venido en taxi?
LA SEÑORA: Por supuesto que no. No soporto a los taxistas.
ZUCCO: Entonces ha venido en coche.
LA SEÑORA: Es evidente. No he venido andando; vivo en la otra punta de la ciudad.
ZUCCO: ¿De que marca es su coche?
LA SEÑORA: ¿Tal vez piensa que tengo un Porsche? No, sólo tengo una birria de coche. Mi marido es un tacaño.
ZUCCO: ¿Qué marca?
LA SEÑORA: Mercedes.
ZUCCO: ¿Qué modelo?
LA SEÑORA: 280 SE.
ZUCCO: No es una birria de coche.
LA SEÑORA: Tal vez. Pero mi marido sigue siendo un tacaño.
ZUCCO: ¿Quién es ese? No hace más que mirarla.
LA SEÑORA: Es mi hijo.
ZUCCO: ¿Su hijo? Es muy mayor.
LA SEÑORA: Catorce años, ni uno más. No soy un vejestorio.
ZUCCO: Parece mayor. ¿Hace deporte?
LA SEÑORA: No hace otra cosa. Le pago todos los clubes de la ciudad, todas las pistas de tenis, de hockey, de golf y encima me exige que lo acompañe a los entrenamientos. Es un mocoso.
ZUCCO: Parece muy fuerte para su edad. Deme las llaves de su coche.
LA SEÑORA: Claro, claro. Tal vez también quiera el coche.
ZUCCO: Sí, lo quiero.
LA SEÑORA: Cójalo.
ZUCCO: Deme las llaves.
LA SEÑORA: No me fastidie.
ZUCCO: Deme las llaves. (Saca la pistola, la deja en sus rodillas.)
LA SEÑORA: Está loco. No se juega con esos armatostes.
ZUCCO: Llame a su hijo.
LA SEÑORA: De ninguna manera.
ZUCCO: (La amenaza con la pistola.) Llame a su hijo.
LA SEÑORA: Está chiflado. (Grita a su hijo.) . Vuelve a casa. Arréglatelas por
tu cuenta.
El hijo se acerca, la mujer se levanta, Zucco le coloca la pistola en la garganta.
LA SEÑORA: Dispare, imbécil. No le daré las llaves, aunque sólo sea porque me toma por idiota. Mi marido, me toma por idiota, mi hijo me toma por idiota, la criada me toma por idiota, puede disparar, habrá una idiota menos. Pero no le daré las llaves. Peor para usted, porque es un coche magnífico, asientos de cuero y salpicadero de raíz de nogal. Peor para usted. Deje de armar escándalo. Mire: esos imbéciles se van a acercar, van a hacer comentarios, van a llamar a la policía. Mire: ya se están relamiendo. Les encantan estas cosas. No soporto los comentarios de esa clase de gente. Así que dispare. No quiero oírlos, no quiero oír.

No hay comentarios

Deja un comentario